CLUB DE ANDINISMO SANGAY

Marcelo Tamariz Ugalde

SOCIO VITALICIO

Esta es una pequeña similitud de su persona, acompañada de pensamientos ofrecidos por algunos de sus amigos cercanos en el montañismo, sabemos que hace treinta y cinco años las elevaciones dejaron escuchar su llamada para una trayectoria continua llena de propósitos marcados por la confianza y la pasión.
Sonriendo siempre Marcelito es quizás un poco pequeño, pero dinámico y flexible. A sus 75 años es el guardián del espíritu del montañista, un humilde refugio de las almas nobles, un rincón sin techo de sinceridad, un refugio de franqueza donde charlar, donde compartir percepciones, donde reírnos
contándonos historias, sueños, recuerdos con montañas, después de cada caminata nos dice que ha disfrutado, que no hace falta subir al Chimborazo para divertirse en la montaña, conocer esos senderos, las comarcas y a sus personas, con humildad y pasión es su legado.

Dedicó por completo su vida al CLUB DE ANDISNIMO SANGAY desde un nivel lleno de los valores más profundos, gran impulsor, luchador por su cuidado y desarrollo, pieza clave para formar nuevas generaciones, él enseñó a mucha gente a hacer montaña de forma auténtica y al mismo tiempo respetuosa de la naturaleza, nunca fue turista, siguiendo la tradición gentil, ha tenido estilo, conservador y prudente, buscó un equilibrio entre la técnica y el riesgo inteligente, Marcelo Tamariz es quien en la actualidad lleva adelante el estandarte del último dinosaurio de la montaña, nuestro
homenaje será seguir haciendo lo que venimos haciendo desde hace cincuenta años, para que nuestra cultura de montaña, nuestra historia y nuestros pioneros, no se pierdan.


Para que todos puedan recordarlo eternamente, tengamos presente siempre que si anhelas un sueño, aunque sea tan duro y comprometido como ser andinista, puedes hacerlo realidad en todas las fases de la vida, en sus valles se educa los principios al fijar las metas, en las duras pendientes se forja el tesón y en las cumbres se encuentra el espíritu.

Ximena Durán Alvarado

Por el año 1993 escuché del Club Sangay, muy extraño para mí, no sabía de qué se trataba; así inició el interés o, curiosidad tal vez. Vamos a ver de qué se trata me dije, salí como participante a mis primeras caminatas a El Cajas, al Jubones, al Chorro de Girón, a la ruta del tren (Durán-Riobamba) y nuevamente a El Cajas y a El Cajas y, aquí vale mencionar la frase de humor que mi familia me dice “son las mismas fotos solo cambias la fecha”, y continué saliendo cada vez más y más, conociendo a personas del Club, algunos de ellos sus fundadores y otros de la vieja guardia, a participantes y como es de suponer lugares naturales extraordinarios.

Un día de marzo de 1998 por la continua insistencia de Carlitos Tinoco (+) que me integré como socia del Club es que llegué a la Sede del que ahora es mi gran querido Club Sangay. De los lugares y personas que he conocido puedo decir “La montaña es esfuerzo, sacrificio, amistad, sensibilidad, respeto, paciencia y recompensa para el ser humano… es la naturaleza misma.